Presentamos el blog

Presentamos el blog

Un grupo de profesores y profesoras muy próximos a la Biblioteca tomamos la iniciativa de confeccionar este blog que se presenta con la finalidad de compartir experiencias en torno a la lectura. Es intención de los creadores de este blog que sea abierto a toda la Comunidad Educativa, tanto en la confección de las entradas como en los comentarios que puedan hacerse sobre los temas que se traten. Os invitamos a participar y convertiros en sus protagonistas.

sábado, 17 de septiembre de 2016

¡Feliz curso nuevo!

Es un hecho innegable que para todos cuantos formamos la comunidad educativa, profesores y estudiantes, quizás también para muchos padres y madres, el tiempo transcurre fragmentado en periodos que no se inician el 1 de enero, como para el resto de los mortales, sino el 1 de septiembre. Medimos el tiempo de nuestra vida en cursos y ubicamos nuestras experiencias personales en el contexto temporal que marca el calendario escolar. Nuestras vidas cambian más al inicio del curso que al comienzo del año por muchos buenos propósitos que nos planteemos entre grano y grano de uva. 
Septiembre viene cargado de promesas y desafíos, de puertas y ventanas que se abren al conocimiento, al mundo, a la vida... Son muchos los autores que, conscientes de la importancia de este momento enfrentan a sus héroes, por lo general niños, adolescentes o jóvenes, a las inquietudes y expectativas que genera el inicio de curso.
Desde este blog os invitamos a que conozcáis a algunos de estos héroes y heroínas y os deseamos de todo corazón un feliz curso nuevo.



En mi casa apenas se hablaba. Los niños chillaban y los adultos se afanaban en sus tareas como lo hubieran hecho de haber estado solos. Teníamos suficiente para comer, aunque frugalmente, no se nos maltrataba y nuestra ropa de pobres estaba limpia, de modo que aunque podía causarnos vergüenza, al menos no sufríamos el frío. Pero no nos hablábamos.
La revelación tuvo lugar cuando, a la edad de cinco años, en mi primer día de colegio, tuve la sorpresa y el susto de oír una voz que se dirigía a mí pronunciando mi nombre.
—¿Renée? —preguntaba la voz, mientras yo sentía posarse sobre la mía una mano amiga.
Era en el pasillo donde, con ocasión del primer día de colegio y porque llovía, se había apelotonado a un tropel de niños.
—¿Renée? —seguía modulando la voz que venía de lo alto, y la mano amiga no dejaba de ejercer sobre mi brazo —incomprensible lenguaje— ligeras y tiernas presiones.
Levanté la cabeza, en un movimiento insólito que casi me dio vértigo, y mis ojos se cruzaron con una mirada.
Renée. Se trataba de mí. Por primera vez, alguien se dirigía a mí por mi nombre.
Mientras que mis padres recurrían a un gesto o a un gruñido, una mujer, cuyos ojos claros y labios sonrientes observé entonces, se abría camino hasta mi corazón y, pronunciando mi nombre, entraba conmigo en una proximidad de la que hasta entonces yo nada sabía. Descubrí a mi alrededor un mundo que, de pronto, adornaban mil colores. En un destello doloroso, percibí la lluvia que caía en el patio, las ventanas lavadas por las gotas, el olor de la ropa mojada, la estrechez del corredor, angosto pasillo en el que vibraba la asamblea de párvulos, la pátina de los percheros de pomos de cobre en los que se amontonaban las esclavinas de paño barato, así como la altura de los techos, a la medida de los cielos para la mirada de un niño.
Entonces, con mis enormes ojos clavados en los suyos, me aferré a la mujer que acababa de traerme a la vida.
—Renée —repitió la voz—, ¿quieres quitarte el impermeable?
Y, sujetándome con firmeza para que no me cayera, me desvistió con la rapidez que otorga la larga experiencia.
Se cree erróneamente que el despertar de la conciencia coincide con el momento del primer nacimiento, quizá porque no sabemos imaginar otro estado vivo que no sea ése. Nos parece que siempre hemos visto y sentido y, seguros de esta creencia, identificamos en la venida al mundo el instante decisivo en que la conciencia nace.
Que, durante cinco años, una niña llamada Renée, mecanismo perceptivo operativo dotado de vista, oído, olfato, gusto y tacto, hubiera podido vivir en una perfecta inconsciencia de sí misma y del universo desmiente tan apresurada teoría. Pues para que se dé la conciencia, es necesario un nombre.

La elegancia del erizo, Muriel Barbery


























"¿Qué hay, Pardal? Espero que por fin este año podamos ver la lengua de las mariposas." El maestro aguardaba desde hacía tiempo que les enviasen un microscopio a los de la Instrucción Pública. Tanto nos hablaba de cómo se agrandaban las cosas menudas e invisibles por aquel aparato que los niños llegábamos a verlas de verdad, como si sus palabras entusiastas tuviesen el efecto de poderosas lentes. "La lengua de la mariposa es una trompa enroscada como un muelle de reloj. Si hay una flor que la atrae, la desenrolla y la mete en el cáliz para chupar. Cuando lleváis el dedo humedecido a un tarro de azúcar, ¿a que sentís ya el dulce en la boca como si la yema fuese la punta de la lengua? Pues así es la lengua de la mariposa." Y entonces todos teníamos envidia de las mariposas. Qué maravilla. Ir por el mundo volando, con esos trajes de fiesta, y parar en flores como tabernas con barriles llenos de almíbar. Yo quería mucho a aquel maestro. Al principio, mis padres no podían creerlo. Quiero decir que no podían entender cómo yo quería a mi maestro.
Cuando era un pequeñajo, la escuela era una amenaza terrible. Una palabra que se blandía en el aire como una vara de mimbre. "¡Ya verás cuando vayas a la escuela!"
Dos de mis tíos, como muchos otros jóvenes, habían emigrado a América para no ir de quintos a la guerra de Marruecos. Pues bien, yo también soñaba con ir a América para no ir a la escuela. De hecho, había historias de niños que huían al monte para evitar aquel suplicio. Aparecían a los dos o tres días, ateridos y sin habla, como desertores del Barranco del Lobo.
Yo iba para seis años y todos me llamaban Pardal. Otros niños de mi edad ya trabajaban. Pero mi padre era sastre y no tenía tierras ni ganado. Prefería verme lejos que no enredando en el pequeño taller de costura. Así pasaba gran parte del día correteando por la Alameda, y fue Cordeiro, el recogedor de basura y hojas secas, el que me puso el apodo: "Pareces un pardal*".
(en gallego, gorrión (N. de la T.).
Creo que nunca he corrido tanto como aquel verano anterior a mi ingreso en la escuela. Corría como un loco y a veces sobrepasaba el límite de la Alameda y seguía lejos, con la mirada puesta en la cima del monte Sinaí, con la ilusión de que algún día me saldrían alas y podría llegar a Buenos Aires. Pero jamás sobrepasé aquella montaña mágica.
"¡Ya verás cuando vayas a la escuela!" Mi padre contaba como un tormento, como si le arrancaran las amígdalas con la mano, la forma en que el maestro les arrancaba la jeada del habla, para que no dijesen ajua ni jato ni jracias. "Todas las mañanas teníamos que decir la frase Los pájaros de Guadalajara
tienen la garganta llena de trigo*. ¡Muchos palos llevamos por culpa de Juadalagara!"
Si de verdad me quería meter miedo, lo consiguió. La noche de la víspera no dormí. Encogido en la cama, escuchaba el reloj de pared en la sala con la angustia de un condenado. El día llegó con una claridad de delantal de carnicero. No mentiría si les hubiese dicho a mis padres que estaba enfermo.
El miedo, como un ratón, me roía las entrañas. Y memeé. No me meé en la cama, sino en la escuela.

La lengua de las mariposas, Manuel Rivas



Otros libros en los que los protagonistas inician su aprendizaje hacia la vida adulta en el contexto escolar:










 

domingo, 15 de marzo de 2015

Relatos ganadores en el XXIV CERTAMEN DE RELATO BREVE DEL IES ALJADA

Como todos los años, y ya van nada menos que veinticuatro, la biblioteca del IES Aljada convocó un certamen literario en la modalidad de cuento o relato breve con motivo de las fiestas de Secundaria. Se establecieron dos categorías: una, para alumnos de 1º y 2º de ESO, y otra, para el resto de los alumnos. 

En ambas categorías se presentaron trabajos de gran calidad, por lo que felicitamos desde aquí a todos los aprendices de escritores que participaron en el certamen. Las ganadoras fueron: 

                Ana María Gálvez, de 2º de ESO

                Clara Noguera Navarro, de 1º de Bachillerato

                         ¡¡¡ENHORABUENA A AMBAS!!!

Aquí tenéis los relatos premiados, para que podáis disfrutar con su lectura.

 

                          La niña y el vagabundo, de Ana María Gálvez

Había una vez, en un campo muy lejos del pueblo, una niña llamada Carmen que nunca había ido al colegio. Su gran ilusión era saber leer, pero sus padres eran muy pobres y ella se tenía que quedar en su casa para cuidar de sus hermanos y hacer las cosas del hogar: lavar, limpiar la casa y hacer la comida.


La niña, a pesar de todo, era muy feliz, pues sentía que era útil a su familia, pero cuando se acostaba siempre pensaba que, si supiera leer, leería algún cuento o se lo contaría a sus hermanos.


Un día pasó por su casa un vagabundo pidiendo algo de comida, pues llevaba tres días sin comer. Carmen le dio un trozo de pan, un tomate y un trozo de queso. Era lo que tenía ella para comer todo el día. La niña pensó: “Yo ya comí ayer y volveré a comer mañana”. El vagabundo le dio las gracias y le ofreció su ayuda en casa, pero la niña prefirió que le leyera un cuento.
Cuando llegaron sus padres les contó lo que había hecho. Primero se enfadaron, pero después entendieron la buena acción de la niña compartiendo la comida.
Esa noche la niña no podía dormir, porque tenía hambre. Luego, cerró los ojos y pensó en la maravillosa historia que le había contado aquel hombre.


A la mañana siguiente encontraron un saquito de monedas encima de la mesa con una nota: “Nadie me había dado tanto teniendo tan poco. Estas monedas son una recompensa por tu generosidad. Ahora tus padres podrán mandarte al colegio y comprarte los libros que tanto te gustan”.


Cuando pasaron los años, la niña se hizo profesora e iba por todas las casas de campo enseñando a los niños a leer. Cada noche se acordaba de aquel hombre misterioso que la hizo cumplir su deseo.



  
 Su libro favorito era "Marina", de Clara Noguera Navarro


“ A veces dudo de mi memoria y me pregunto si únicamente seré capaz de recordar lo que nunca sucedió. Marina, te llevaste todas las respuestas contigo.”
Cierro el libro y lo dejo sobre mi regazo, miro a mi siempre atenta alumna, dispuesta a tragar todos mis caprichos literarios. Ella mantiene su posición firme. Mirada ausente hacia la ventana. Rostro pálido. Labios carnosos que una vez besaron y muchas más veces me cantaron.
—Ya está, Diana. —Vuelvo a mirarla, no reacciona ante nada, es como un elemento vacío, un mueble más en esta habitación. Acaricio la portada del libro. —Sé que te he leído esta historia antes, pero simplemente me apetecía. ¿A ti no? Siempre me ha parecido una historia bonita…
Silencio de nuevo. Diana mantiene la vista en la ventana, como siempre. Hoy lleva su vestido favorito. Es rojo. Solía gustarle el color rojo. Antes se pintaba los labios de un rojo tan pasional que incrementaba mis ganas de besarla con más fuerza.
—Recuerdo este vestido, lo llevaste la primera vez que quedamos juntos. Recuerdo aquel día como si lo hubiera tatuado en mi memoria, ¿Lo recuerdas? Seguro que sí. Me gusta pensar que sí. —Acaricio su mano. Está fría. Desde el accidente todo se ha vuelto frío. —Pensaba que iba a llover, ¡Incluso tú te trajiste aquel paraguas que se rompió en cuanto lo abriste! Pero no llovió, no. Las nubes no se atrevían a desatar su fuerza sobre ti. Ibas preciosa, de hecho, eres hermosa.
Cojo su silla de ruedas y la arrastro por toda la villa. Llego al patio en el que están todas las flores que ella misma había plantado. La coloco frente a las rosas. Suena típico, quizás repetitivo, pero ella amaba las rosas. Cantaba a las rosas. Día y noche. Me cantaba a mí. E incluso cantaba en la calle. Amaba cantar.
—Mira, Diana, han florecido. Intentan igualarte. ¡Pero no pueden! Nunca ninguna podrá igualar tu belleza.
Me coloco frente a ella y siento las lágrimas luchando por salir. ¿Por qué ella? ¿Por qué no reacciona? ¿Por qué tuvo que topar aquel coche con el suyo? ¿Por qué no fui yo en su lugar? ¿Por qué de un momento a otro mi vida se volvió fría? ¿Por qué no pude decirle que la amaba?
Me encuentro sollozando, cogiendo las manos de Diana. Es cierto, nunca le dije que la quería. Nunca me atreví a decirle que odiaba el olor de las rosas hasta que ella me regaló una. Nunca le dije que odiaba el inglés hasta que ella me cantó su mejor repertorio de The Rolling Stones. Nunca le dije que odiaba leer hasta que ella me dijo que su libro favorito era Marina, que tenía una biblioteca para ella sola y que amaba a Agatha Christie. Nunca creí que amar a alguien podía llegar a doler tanto, y mucho menos, que aquel dolor podía ser tan satisfactorio. Pero Diana me lo enseñó todo. Me hizo ver la forma de brillar que tienen las personas. Me hizo apreciar la exquisitez de la lluvia y lo pequeños que somos en el mundo. Me sentía mejor persona con ella. Me sentía vivo. Era feliz.
Vuelvo a mirarla. Ella sigue igual. No se inmuta. No puede notar la presión que siento en el pecho cada vez que la miro. Las lágrimas caen por mi cara y no puedo pararlas. Las limpio con rabia. Odio llorar, y mucho más estando frente a ella. Sé que no me siente. Sé que ahora mismo no siente la brisa. Ni el olor de las flores. No sé ni siquiera por qué le leo, por qué me empeño en pensar que puede oírme.
Raquel viene corriendo. Parece nerviosa. No sé cuánto tiempo llevaría observándome, pero ya me había visto llorar otras veces, no me importaba. Me tiende un libro y yo niego.
—No puedo. —Sollozo. —Ya le he leído.
Raquel niega.
—No, señorito, es de la señorita, de Diana. Ya sé que no debí, pero leí la parte que está marcada. Usted debe leerla. —Tiene un acento argentino muy pronunciado. Asiento y ella se marcha en cuanto cojo el diario. Miro la tapa. Diana le puso un nombre.
“Lo que nunca sucedió”
Sonrío. Hacía referencia al libro que acababa de leerle. Comienzo a pasar las páginas. Diana lo apuntaba todo en aquel diario. Lo que le pasaba día a día, escribía poemas, cuentos, dibujaba, e incluso criticaba a algunas personas. Río con sus comentarios. Aparte de cantar bien, escribía bien. Decido darme prisa. Ya tendría tiempo de ver el diario entero más tarde. Abro el libro por la página marcada, la que Raquel me ha dicho que lea.
“Y es él. Estoy segura. Nunca me había sentido tan feliz, tan yo. Nunca podía haber mostrado mis pensamientos tan abiertamente como lo hago con él. En un mundo gris en el que no puedes evitar sentirte perdido, él es una luz. Él abre el camino. Te guía hasta casa, y es que mi casa es donde quiera que él esté. Me mira y sonríe, ¿Por qué sonríe? ¿Me querrá de la manera que yo le quiero a él? Porque sé que me quiere, se lo noto en la mirada. Sus ojos grises brillan cuando estoy con él, ¿Se dará cuenta de que los míos brillan sin que siquiera él esté presente? ¿Se dará cuenta de que con él soy incapaz de dejar de sonreír? Y es que no entiendo por qué no se lo digo. Le quiero. Más que a nadie nunca. Tantos son mis sentimientos que tengo miedo. Miedo a que una persona pueda hacerte sentir tantas cosas con solo una mirada. Siempre he pensado en besarlo, ¿Pero cómo? Nunca me había lanzado con ningún chico, y a mis veintitrés años mi querido Marcos no va a ser la excepción, ¿Por qué me cuesta tanto? ¿Por qué somos tan cobardes a veces? Él nunca me haría daño si supiera mis sentimientos. Quizás el destino no quiere que vayamos de la mano. Ni tampoco que nos hagamos viejitos juntos. Quizás sólo quiere que nos queramos. Así, fuertemente, pero de lejos. Que sigamos con nuestras miradas que hablan más que nosotros y que nuestros labios sigan anhelando los del otro. Y es que, el amor, supera todas las adversidades, y la mayor de todas somos nosotros mismos.”
Cierro el libro y lo estrecho contra mi pecho. Comienzo a llorar de nuevo. Y es que ella me quería tanto como yo a ella. Y es que fui un cobarde y no supe decírselo con palabras. Cojo su mano y la miro. Sigue ausente.
—Te quiero, Diana. —Y lo digo. La primera vez que lo digo en alto. Bajo la cabeza y deseo que mis lágrimas cesen.
Entonces, mientras estoy inmerso en mis sollozos, siento una caricia y oigo una voz que dice: “Y yo, Marcos”.




 

martes, 10 de febrero de 2015

SEGUNDO DÍA LECTOR / 22  DE ENERO

 "¿Podemos hoy imaginar el mundo sin Don Quijote? Cuesta mucho. ¿Sin Hamlet? Cuesta mucho. Sin embargo, hubo una época en que no existían.
Hoy ellos forman parte de la realidad porque fueron imaginados; lo que se imagina se convierte entonces en parte de la realidad indisoluble y ya no puedes entender la realidad sin lo que imaginó el escritor."
                                                                       Carlos Fuentes

"Todos los caminos conducen a... ¡el libro! "

Nos gusta el cine

A los alumnos y profesores del IES Aljada nos gusta el cine. 
Durante el pasado mes de enero los alumnos de Atención Educativa de 1ºA y 1ºB participaron en un "Ciclo de Cortos". Durante varias sesiones visionaron diversos cortometrajes y, posteriormente, participaron en un enriquecedor coloquio en el que intercambiaron opiniones sobre los mismos. A continuación podéis leer algunas de sus recomendaciones.





Te recomiendo que veas   El Circo de la mariposa   porque...

- "te demuestra que, aunque alguien tenga una minusvalía, puede hacer algo grande y extraordinario" (Natalia)

- "nos enseña que, aunque tengamos problemas, podemos salir adelante" (Jose)

- "demuestra que con esfuerzo se puede conseguir cualquier cosa" (Abdel)





Te recomiendo que veas   Pipas  porque...

- "es gracioso y te muestra la importancia de tener unos buenos estudios" (Adel)

- "la historia es muy graciosa" (Juan José)

- "demuestra la importancia de los estudios" (Miguel)





 

Te recomiendo que veas  El cazo de Lorenzo  porque...

 - "te enseña que algunas personas no pueden hacer lo mismo que tú y, por eso, tenemos que intentar ayudarlas y hacerles la vida más fácil" (Paula)

- "te hace entender que hay que ayudar a los más necesitados y no aprovecharse de los más débiles" (Mª Dolores)


 

 También os recomendamos...

El vendedor de humo, que invita a reflexionar sobre el consumismo y la excesiva importancia que damos a las apariencias.

El hombre orquesta,  que pone de manifiesto lo negativa que puede ser la rivalidad extrema y lo positivo que puede resultar el trabajo en equipo.

 La flor más grande del mundo, inspirado en un emotivo relato de José Saramago.